Notas preparatorias sobre The Process is the Punishment.
Resumen
Quiero comenzar abriendo un paréntesis: recuerdo haber escuchado, hace un tiempo, en una entrevista decir a la joven entrevistada lo costoso que es para un pobre salir a buscar trabajo. Quien se encuentra—con cierta permanencia o con intermitencias relativamente prolongadas—en un estado de precariedad, en la mayoría de los casos solo puede buscar trabajo en zonas cercanas a su casa, pues movilizarse en busca de mejores ofertas laborales hacia el centro de la ciudad o en zonas comerciales lejanas de su barrio suele ser muy costoso. Por lo que se debe decidir entre gastar el dinero que se ganó en la última changa en la búsqueda de un trabajo “más estable” o en alimentos para comer los días que siguen. ¿Cuántas veces quienes estamos interesados en la desigualdad nos preguntamos que además de una propuesta de política laboral nacional o provincial, lo que necesitamos tener en cuenta son los “micro-costos” del día a día? ¿Cuántas veces pensamos cuanto vale pagar el pasaje del transporte público y que ese primer y primordial costo hace al pobre pensar dos veces antes de salir a buscar trabajo? ¿Cuántas veces pensamos que poner en marcha una política de mejoramiento del transporte público con la utilización de tarjetas magnéticas—que deben cargarse, en la práctica, siempre con un costo extra, que funciona como comisión para quien realiza la carga—que se pierden, se deterioran y que deben solicitarse de nuevo causa costos que el pobre no puede permitirse? ¿Nos damos cuenta que la diferencia de pagar o no pagar $2 o $5 para cargar la tarjeta puede ser crucial para decidir si salir o no salir a buscar empleo? Dejemos esta idea en suspenso por un momento.