El caso argentino: desapariciones forzadas como instrumento básico y generalizado de una política.
Resumen
Emilio Fermín Mignone (1922–1998) puede ser recordado institucionalmente —como vice presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (fundada en diciembre de 1975 como reacción al contexto de violencia y de acoso a los derechos humanos fundamentales desplegado en la Argentina) y como primer presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), una organización civil abocada a la documentación de los crímenes perpetrados por la dictadura cívico militar y a la asistencia a las víctimas y familiares en procesos judiciales— o militantemente, entre los y los luchadores más emblemáticos en defensa de los derechos humanos en nuestro país.
Cuando se precipitó el régimen de facto inaugurado el 24 de marzo de 1976, Mignone revisaba como rector de la Universidad Nacional de Luján, institución que además había colaborado a fundar. A los militares que irrumpieron en las oficinas del rectorado los espetó con: “No es necesario ese despliegue ridículo de fuerza cuando todo el mundo sabe que las únicas armas aquí son máquinas de escribir, libros y equipos de laboratorio”. Poco tiempo después, en su domicilio, recibió otra visita del terror hecho terrorismo de estado y los militares secuestraron a Mignone, su segunda hija, quien integra la medida del dolor popular: 30.000 compañeras y compañeros desaparecidos, presentes, ahora y siempre. Desde que se precipitó ese hecho de el mayor dramatismo humano, Mignone y Angélica Sosa —su pareja, integrante de Madres de Plaza de Mayo “Línea Fundadora”— desplegaron una actividad militante extraordinaria —organizativa e intelectual— con el fin de esclarecer los crímenes de la dictadura y sus prácticas en torno a la desaparición forzada de personas. La actividad de Mignone tuvo carácter nacional e internacional y dejó un vasto legado bibliográfico en materia de derechos humanos.
En este número de Cuestiones Criminales volvemos a publicar “El caso argentino: desapariciones forzadas como instrumento básico y generalizado de una política. La doctrina del paralelismo global. Su concepción y aplicación. Necesidad de su denuncia y condena. Conclusiones y recomendaciones”, que Mignone elaboró junto con Augusto Contey y que fue presentado en un coloquio desarrollado en la ciudad de París entre el 31 de enero y el 1 de febrero de 1981, convocado bajo la consigna “La política de desapariciones forzadas de personas” y presidido por Adolfo Pérez Esquivel.
La tesis quizás más relevante de este texto está ubicada en la categoría de “paralelismo global” que remite a los dos plexos normativos y fácticos, uno legal y otro ilegal, que hacían funcionar el aparato dictatorial y que acercan sus prácticas del terror al funcionamiento de una organización criminal de tipo mafioso.