Regresar a la nada. La reinserción de los presos y la negligencia neoliberal
Resumen
En 2015, en los Estados Unidos, más de 7 millones de personas —cerca del 3 % de toda la población nacional— se encontraban viviendo bajo alguna forma de control penal. Entre esta masa de ciudadanos privados de su libertad, 2,2 millones de individuos, una cifra equivalente a la población de las cuatro ciudades más grandes del país, estaban confinados en penitenciarías federales, prisiones estatales y cárceles locales (Kaeble y Gaze, 2016: 1). De acuerdo con estimaciones recientes, los niños nacidos en 1990 de padres afroamericanos que no tienen diploma de escuela secundaria enfrentan un 50 % de probabilidades de ver a su padre detenido antes de cumplir 14 años (Wildeman, 2009: 273). Los varones negros nacidos entre 1975 y 1979 que no terminaron la escuela secundaria tienen un 70 % de posibilidades de pasar un tiempo detenidos antes de cumplir 35 años (Western y Wildeman, 2009: 231).
Como ha señalado el criminólogo Bruce Western, el ciclo de encarcelamiento y reinserción se convirtió en un “evento de vida habitual” para una gran parte de la población joven, negra o latina, marginada, para la cual la experiencia del encarcelamiento se ha vuelto más común que otros hitos del curso de vida, como casarse, ir a la universidad o realizar el servicio militar (Western, 2006: 20-32). Esta extrema concentración del poder penal estatal entre las comunidades pobres racializadas llevó a los académicos críticos a describir la expansión carcelaria sin precedentes de las últimas décadas como la consolidación de un paradigma racializado de gobierno punitivo de los pobres, en una sociedad neoliberal cada vez más fracturada por la desigualdad racial y de clase (Alexander, 2010; Tonry, 2011; Wacquant, 2009).