Los dolores del encarcelamiento en la cárcel Pueblo de Punta de Rieles.

Autores/as

  • Fernando Avila Universidad de Toronto Autor/a

Resumen

En términos generales la situación penitenciaria uruguaya no difiere
de la realidad latinoamericana detallada en las denuncias de tortura
y malos tratos, sobrepoblación, hacinamiento, muertes violentas,
falta de atención, desnutrición y una serie de severos obstáculos
para la vigencia de derechos humanos elementales (Sozzo, 2007;
Procuración Penitenciaria de la Nación, 2008; Centro de Estudios
Legales y Sociales, 2011; Matthews, 2011; Inter-American
Commission on Human Rights, 2011; Carranza, 2012; Darke, 2013;
Macaulay, 2013; Daroqui et al., 2014; King y Valensia, 2014;
Procuración Penitenciaria de la Nación, 2014; Rodríguez, 2015;
Antillano et al., 2016; Comisión Provincial por la Memoria, 2016;
Woods, 2016; Comisión Provincial por la Memoria, 2017; Weegels,
2017; Vigna y Sosa Barón, 2019).
Sin embargo, existen excepciones, y aquella descripción, aunque
extendida, justificada y dominante, no representa la totalidad de las
experiencias del encierro en la región. Una de esas excepciones es
la de Punta de Rieles, una prisión de mediana seguridad que aloja
a más de 600 varones condenados por hechos que incluyen desde
delitos contra la propiedad hasta homicidios agravados. Su director
es civil, con formación en educación social y la mayoría del
personal penitenciario en contacto con las personas privadas de
libertad son civiles que no están a cargo de cuestiones de seguridad
tradicionales, no utilizan armas y en general, son mujeres. En la
prisión no se utilizan el aislamiento ni ninguna otra restricción a la
libertad ambulatoria como forma de castigo. Las personas allí
alojadas tienen libertad de movimiento dentro del predio y tienen
derecho a utilizar teléfonos celulares e internet. 

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Publicado

2024-12-26