Pabellones evangélicos y gobierno de la prisión. Legados de Sykes para pensar la construcción del orden en las prisiones de varones en Argentina.
Resumen
La cuestión del poder en el marco de la prisión resulta un elemento
crucial para los estudios sociales sobre este tipo peculiar de
institución del castigo legal, desde su mismo nacimiento a
mediados del siglo XX. Las diversas aproximaciones críticas le han
prestado especial atención al ejercicio del poder por parte de los
actores estatales encargados de la gestión de la prisión. Sus textos
fundacionales (Foucault, [1975] 1977; Melossi y Pavarini, [1977]
1981)[1] analizan cómo estos agentes construyen en el interior de
este contexto de encierro una “disciplina” que busca, idealmente,
ser minuciosa y constante y se enlaza con las finalidades
declaradas de esta institución estatal en torno a la “corrección” del
“delincuente”. Estos agentes ocupan diversas posiciones y
desempeñan diferentes roles que, a su vez, han cambiado y cambian
a lo largo del tiempo y del espacio, pero tienen en el “guardia” su
encarnación más relevante en la cotidianidad de la vida
secuestrada. La disciplina tiene un corazón en torno al mando y la
obediencia, la reglamentación, la vigilancia y la sanción. Este
corazón subordina el conjunto de los ensambles de discursos y
prácticas que articulan la vida secuestrada—desde el trabajo o la
educación, a la observación y el tratamiento penitenciario (Sozzo,
2007: 88-93).