“Hombres”, “mercaderes” y “duros”. Un estudio de las reacciones al encarcelamiento.
Resumen
Muchos han sostenido que aun cuando la prisión pueda suavizarse
por el acento puesto en la rehabilitación, las instituciones de
encierro fallan como instrumentos de reforma del delincuente. Se
nos urge a “tirar abajo los muros”, eliminar “esas reliquias inútiles
de la barbarie”. El hecho es que, de todos modos, no hay
escapatoria a la necesidad de privar de su libertad a grandes grupos
de delincuentes por algún tiempo. La probation y otras alternativas
al encarcelamiento podrían ser usadas más frecuentemente, nuevas
medidas terapéuticas podrían emplearse con mayor profundidad, y
los servicios psiquiátricos podrían remplazar al confinamiento en
solitario. Pero incluso el reformista más optimista no puede esperar
la completa eliminación de las instituciones de encierro en el corto
plazo. Si los delincuentes detenidos en prisiones estatales y
federales no son abandonados como inevitablemente perdidos con
respecto a las filas de los respetuosos de la ley, debemos encontrar
el modo de convertir a las instituciones de encierro en comunidades
terapéuticas, mientras mantenemos simultáneamente el alto nivel
de control para cumplir las tareas de custodia y orden interno.