El Examen.
Resumen
Tarareando una indescifrable melopea, volvía con buen paso a mi departamento. Eran las dos de la mañana; la cena con mis ex condiscípulos del secundario había sido animada y no demasiado etílica. Al día siguiente, es decir, unas horas más tarde, debía asistir a una de esas reuniones farragosas e inútiles que tanto apreciaba el decano de la facultad. Me felicité por no haberme excedido con el trago. El ágape había tenido lugar en una fastuosa casa cercana a mi domicilio. Pronto divisé las luces desganadas del callejón donde vivía. Conjeturé que mi departamento se me antojaría diminuto luego de haber conocido la excesiva mansión del festejo.